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Sólo para aquellos a quienes les interese

Jueves, 28 de Agosto de 2008

Ya, ya sabemos que en cuanto no se habla de cine, parte de la concurrencia se pone nerviosa, pero teniendo en cuenta el animado debate que ha tenido lugar últimamente por aquí sobre la objetividad de la crítica (y después de sopesarlo detenidamente), finalmente me decido a compartir con ustedes este documento. Es largo, es aburrido y está en inglés, pero da una buena idea sobre cómo durante la historia pensadores de todo tipo han discutido sobre ese mismo asunto. Por nuestra parte, preferimos vernos como John Addington Symonds define al crítico: una mezcla de jueces, quienes juzgan conociendo la escuela creada por sus predecesores, de “showmans”, o críticos que muestran sus propias sensibilidades y de historiadores, quienes pueden percibir la evolución del arte en cada una de sus manifestaciones.

Sólo como apunte para aquellos que pudieran estar interesados en tan arduo tema. Avisados están.

Haz click si te atreves.

¿Quieren ver a James Stewart de malo?

Miércoles, 16 de Julio de 2008

Si no quieren que se les chafe el final, dejen de leer ya, pero si quieren contemplar una de estas rarezas de la naturaleza no se pierdan “El, ella y Asta”, donde James Stewart nos premia con una mirada de odio como pocas veces se le ha visto en el cine. La cinta corresponde a una serie de los años 30 y 40, basada en una historia de Dashiell Hammett, y en la que el detective Nick Charles, su mujer de abolengo, Nora y su terrier resuelven los más complicados casos y que en español fraguó con los títulos: “La cena de los acusados“, “Ella, él y Asta“, “Otra reunión de acusados“, “La sombra de los acusados“, “El regreso de aquel hombre” y “La ruleta de la muerte“.

La serie incorpora cierto elemento surrealista, pues en ocasiones las situaciones rozan lo absurdo, siempre todo ello amenizado con un humor inteligente y estilizado que encuentra en William Powell, un actor hoy en día no tan conocido, el perfecto pícaro encantador y en Myrna Loy, la perfecta réplica. El glamour y la locura festiva de los años treinta fue dando lugar a una mayor seriedad en los cuarenta, pero sin que las entregas perdieran un ápice de gracia. Muy recomendada para cinéfilos nostálgicos.