A no ser que la globalización haya acabado ya con nuestro mundo conocido, una crítica es un formato periodístico, perteneciente al género de opinión. No pertenece al género informativo, como la información o el suelto, ni al híbrido, como las crónicas o el reportaje. Pertenece al género de opinión, y así lo constatan todos los manuales al uso que por serios se tienen en las facultades de periodismo. De ahí que sea más que inútil pedir objetividad en el tema. Cuando uno lee una crítica está leyendo una opinión. Escrita con mayor o menor acierto, con mayor o menor conocimiento, pero una opinión.
Los lectores eligen a su crítico de cabecera usualmente porque les gusta su estilo, les hace gracia o en la mayoría de los casos porque habitualmente coinciden con su opinión. Un “crítico favorito” es un escritor que se ha ganado la credibilidad de sus lectores. Si un lector confía en el criterio de un crítico, ambos tienen toda la libertad del mundo. El uno para decir “vayan o no vayan a ver esta película”, y el otro para hacerle caso o no. Si un crítico se ha ganado la credibilidad de sus lectores, no hay parte tercera que valga que venga a entrometerse en lo que puede decir el uno o en la decisión que consecuentemente tome el otro.
Esta página está hecha en gran medida para poder decir cosas como “No, no vayan a ver esta película. Ahórrense el dinero que no estamos para alardes”. Y se dice alto y claro cuando esa es la opinión del crítico encargado. Para ello nos basamos, o mejor dicho, no nos basamos, ni en intereses comerciales, ni en sets promocionales enviados por la productora, ni en campañas promovidas desde la “alta cultura imperante”. Lo cual, créanme, es ciertamente innovador en la corta, aunque intensa, historia de la crítica.
Si nos preciamos de tener una audiencia fiel, si esa audiencia confía en nuestro criterio o disfruta con nuestro estilo, si ya hemos cumplido cinco años, podemos mostrar el donaire suficiente como para permitir que aquí cada uno diga lo que le dé la gana (siempre dentro de unos límites de formas). Pero, en serio, para ahorrar esfuerzos inútiles, no se empeñen en enseñar al padre a hacer hijos.