“Sangre de Mayo” es una película aceptablemente bien hecha por un lado y definitivamente fallida por otro. Es sin duda destacable el retrato del Madrid de principios del s. XIX, con su alegría, sus manolos y chisperos y su participio relajao, pues incide en el carácter festivo de la ciudad que puede verse en los cuadros de la primera época de Goya y que luego conoceremos gracias a la cultura de las verbenas y la zarzuela. Así, esta presentación, que quizás algunos consideren algo tediosa, resulta narrativamente muy interesante ya que se centra, aparte de en describir el ambiente del bullicioso Madrid de 1808, en poner de manifiesto el hecho de que la ciudad, en esa época, era como un espejo de España entera, ya que allí convivían habitantes procedentes de todo el país (como dice la voz en off “madrileño es todo el que vive en Madrid, sea de donde sea”), preparando al espectador para que sepa que lo que va a pasar en esta historia sería extrapolable a toda España.
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