CrÃtica de “Mi vida es una ruina”
Parece que buscando hueco en el estrellato hollywoodiense, Aaron Eckhart va tocando todos los palos que puede. En “Mi vida es una ruina” se acerca quizá demasiado a un remedo de “American beauty” pasado por las manos de Seth Rogen. Que no habÃa necesidad ninguna, digo yo.
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Esta crÃtica me hace reflexionar sobre temas que no tienen nada que ver con la pelÃcula que referencia (que gracias a la crÃtica, por cierto, me ahorraré de ver).
Cometemos muchas veces los pobres el error de pensar que alquien, por trabajar en un banco y tener un empleo muchimillonario, no tiene derecho a sentir un vacÃo existencial. Lo raro serÃa que sintiera ese tipo de vacÃo alguien que tiene que luchar cada dÃa por conseguir comida. Es verdad que es difÃcil desde la infeliz pobreza identificarse con un tÃo forrado e infeliz, a mà también me pasa, pero me puedo imaginar bastante bien el problema de hastÃo que tiene que provocar una vida reducida al absurdo como la del protagonista de American Beauty…
Yo creo que el problema está en relacionar vacÃo existencial con nivel adquisitivo. El decir que los ricos están muy vacÃos como se dice aquà o en “American Beauty” no es más que una versión sofisticada del “Los ricos también lloran”, que como todos sabemos, no es más que un mecanismo para que los pobres no lo lleven tan mal y se quejen menos. Mal de muchos, consuelo de tontos. Curiosamente, este pensamiento tiene dos padres: por un lado la máxima cristiana de que el dinero es sucio y por otro lado el marxismo, que en todo mal ve la mano cochambrosa del dinero.
Si uno quiere llevar una vida de vaciedad, me parece que tiene que ver poco con la nómina y más con ser una momia a nivel vital… Lo realmente importante es dilucidar qué tipo de mensaje nos mandan en estas pelÃculas… y con qué objetivo…
Pues yo creo que el problema es que a los pobres nos jode que los que tienen nivel adquisitivo se quejen de su vacÃo existencial porque creemos (falsamente, según el supesto “mensaje” de estas pelÃculas) que nuestra vida serÃa mucho mejor si no tuviéramos que quedarnos con la leche hacendado en lugar de comprar la de central lechera asturiana con su magnÃfico envase anti goteo, o si pudiéramos elegir blu ray con sonido 7.1 en una sala acondicionada en el ático de nuestra casa en ver del divx con subs de argenteam en el apartamento de 40 metros alquilado, o lo que sea que haga la gente cuando tiene dinero.
Yo, la verdad, no veo en estas pelÃculas tanto ese mensaje de “los ricos también lloran” como el otro de aquel anuncio: a medida que se van cubriendo necesidades van surgiendo necesidades nuevas.
Criticar eso me suena a una especie de complejo de pobre y a una especie de izquierda trasnochada y mal enfocada. Al final parece que pensemos que los ricos no tienen derecho a llorar porque son ricos y eso deberÃa bastarles.
Y no. Yo no soy rica. Por desgracia, porque si lo fuera mi vida irÃa mucho mejor. Fijo, vamos.
Hombre, el dinero no da la felicidad pero da gustete. Fijese que yo estoy contento con lo que tengo, siendo de familia humilde, tan solo siento desconsuelo con no poder ir al teatro o a la opera de vez en cuando, y hacerme uno o dos viajecillos al año. Por lo demás si tienes tus necesidades afectivas e intelectuales cubiertas, la felicidad entendido como bienestar general con tu vida (y algún momento puntual de verdadera felicidad) y no como concepto absoluto, es basante asequible.