Andamos un poco a vueltas con la redención en la última de Clint Eastwood, “Gran Torinoâ€. Y hay un motivo por el que ser americano significa mucho más que haber nacido en un determinado territorio, como pasa con naciones mucho más antiguas. Y por lo que ser americano está revestido de cierto aparato ideológico que no necesariamente funciona en ninguna otra nación. Estados Unidos es el primer paÃs del mundo que nace en torno a unas coordenadas polÃticas, y por ello mismo ha mostrado siempre esa gran capacidad para convertirse en un “melting pot†en el que todo el mundo cabe sin importar raza, credo y demás condicionantes. Como paÃs nacido al calor de las ideas de la Ilustración y del liberalismo, el “americano†tiene una idea de la individualidad como ningún otro ciudadano del mundo. El lema del americano bien podrÃa ser mucho más allá del “In God we trustâ€, “El buey suelto bien se lameâ€. Todo ese ideario sobre la supremacÃa del individuo por encima de ningún grupo o comunidad ha tenido unas consecuencias bien claras a nivel de organización como es el hecho de la preferencia por “el menor estado posible†y por lo tanto “la menor intervención posibleâ€. No hace falta que se recuerde aquà el gran malestar que está generando en USA la actual intervención gubernamental para reciclar la economÃa, con llamadas incluso por parte de los ciudadanos a la desobediencia civil y a la insumisión fiscal. Asà que el americano “de verdad†(literariamente expresado esto) es aquel que se identifica con el repudio por el aparato estatal, base sobre la que está construida el paÃs. De su apoyo incondicional a la individualidad deriva dos consecuencias: la primera de ellas es que todo lo organizado grupalmente por fuerza ha de ser injusto con algún individuo, y lo que es peor, ese individuo puede ser él. La segunda es que, si bien de vez en cuando hay que dejar que las cosas se organicen grupalmente, uno tiene todo el derecho del mundo a reaccionar en su defensa, porque la propia defensa, en cualquier sentido, es un derecho inalienable. Recapitulando: por defecto, es muy posible que lo que hace el estado esté mal, y por lo tanto, los ciudadanos tienen que solucionarlo con su acción individual.
Esa era la idea que subyacÃa fundamentalmente tras la serie de “Harry el sucioâ€: las leyes pueden ser tremendamente injustas pues su medida no es el individuo, sino el grupo, y el individuo tiene que asegurar que se haga justicia. Y era esta una idea que era normalmente aceptada por el americano medio, pues sobre esos pilares se ha construido su nación. Ahora bien, ¿qué ha cambiado de “Harry el sucio†a “Gran Torinoâ€? Fundamentalmente la desconfianza. La democracia se basa en la desconfianza, por eso tenemos tres poderes separados que se vigilan y se sancionan entre sÃ, porque no se fÃan. En “Gran Torino†ha desaparecido esa desconfianza, y de pronto, el prototipo de americano medio abandona su criterio al criterio del grupo, y en vez de partir de la idea de que el estado es injusto por naturaleza, empieza a confiar en él. Tanto y de tal manera, que un personaje que durante todo el metraje ha administrado la justicia por sà mismo, sin reparos a la hora de empuñar su arma contra cualquiera que le mancille el césped, al final de la pelÃcula nos manda el mensaje de que el estado sà que es capaz de impartir una “justicia justa†y lo hace a través de la inmolación, enviándonos el sutil mensaje de que su conducta anterior, la de la desconfianza, debe sin lugar a dudas ser castigada, en este caso con la muerte.
Hay una gran diferencia entre una conducta anti-sistema y una conducta liberal, aunque ambas compartan la desconfianza en el estado. La primera desea destruir todo el sistema por defecto. La segunda parte de la base de que es justamente la desconfianza la que hace funcionar al sistema. En el último filme de Clint Eastwood, ni lo uno ni lo otro. El sistema es bueno, y todos aquellos que en algún momento hayan desconfiado de él, merecen morir. Puede que nos encontremos con el final de la insigne tradición de la narrativa americana del individuo enfrentado con el sistema. Adiós a tantos John Doe…