Halloween en España
Viernes, 31 de Octubre de 2008Todos estamos familiarizados con el ritual.
Un grupo de chavales disfrazados (fantasmas ellos, princesas ellas), ataviados con sus respectivas bolsas, van de casa en casa, siempre engalanadas con telarañas falsas y calaveras, y con sus jardines llenos de las primeras hojas caídas y de sonrientes calabazas talladas iluminadas por velas. Timbran con la esperanza de recibir golosinas a la voz de “trick or treat“, y suele recibirlos un amable anciano o anciana que hace algún entrañable comentario sobre la apariencia de los niños y apoquina su respectiva ración de dulces.
Siempre en la idílica pequeña ciudad de la más pura Americana, van acompañados de sus padres o un reticente hermano mayor adolescente (que invariablemente se convertirá en adulto y recibirá su primer beso antes del final de la película) que preferiría pasar la noche con su enamorada del instituto (probablemente, mientras tanto, ella esté en una fiesta organizada por el tipo más popular de la escuela), a la que se encontrará después para ser perseguidos por fantasmas, zombies, vampiros o espías. Pero eso no viene a cuento. Supongo que en la realidad, a grandes rasgos, esto será lo que pasa en Estados Unidos, por qué habríamos de dudar de lo que nos dice Hollywood.
La misma festividad, en España, se traduce en una pandilla de jíbaros imberbes corriendo por las escaleras y aporreando -aporreando- las puertas de todos los pisos.
Si es que somos muy brutos como para importar costumbres bárbaras.
Yo me cisco en Halloween.

