Fallece Paul Newman, el último kouros
Sábado, 27 de Septiembre de 2008Perdonen que me ponga sentimental. Varias, muchas fotos de Paul Newman acompañaron mi adolescencia, aunque es justo reconocer que luego, con la madurez, fue sustituido por Robert Redford. Pero ningún vaivén en los gustos juveniles podría arrebatarle la consideración de última estatua griega que el mundo nos ha dado. Con su perfección técnica, sus proporciones praxitelianas, su mirada fría y acérica.
Paul Newman fue otra víctima del “método”. Sus primeras películas están lastradas por todos esos tics que compartía con Brando o Dean. Retorcimientos, manejo compulsivo de los brazos, rascamientos y demás. La interpretación conductista que lo llaman. Con los años fue ganando experiencia, como todos, y por lo tanto peso específico en la pantalla. El estilo espasmódico del Actor’s Studio fue sustituido por cierta serenidad que sólo consiguen los grandes. Con una vida privada ciertamente estable, pasó gran parte de su existencia casado con la actriz Joanne Woodward, y ya en llegando al final apadrinó una marca de productos alimenticios, mostrando su cara en las etiquetas, y cuyos beneficios eran destinados a organizaciones no gubernamentales. En cierto momento llegó a comentar que se sentía un poco abochornado con que su marca de salsas generara más dinero que sus películas. Pero era un dinero bien empleado.
Le recordaremos como aquel joven lleno de fuerza irreductible en películas como “Dulce pájaro de juventud“, “El buscavidas” o “La gata sobre el tejado de zinc caliente“, sin obviar “La leyenda del indomable” comprometido en “Éxodo“, héroe de intriga en “El premio” o “Cortina rasgada“, ésta última de Hitchcock, como héroe destruido que es capaz de recomponerse en “El veredicto“, en medio de la catástrofe en “El coloso en llamas“, pero sobre todo lo recordaremos como el caradura encantador con el que todas y algunos querrían compartir la vida, y que en su caso fue con Robert Redford en clásicos como “El golpe” y “Dos hombres y un destino“.
Ganó el Oscar a mejor actor en 1986 por “El color del dinero” de Scorsese, pero eso no es nada al lado del recuerdo que se ha ganado en todos nuestros corazones. Perdonen que hable por todos nosotros. Hasta siempre, Paul.

