De cómo David Mamet ha escandalizado al artisteo mundial
Porque ya no soy un izquierdista de encefalograma plano
Un ensayo de temporada electoral
David Mamet
Publicado en Village Voice
Traducción de Vicente Carbona
A John Maynard Keynes le criticaban sus cambios de opinión. Respondió, “Cuando los hechos cambian, yo cambio de opinión. ¿Usted qué hace, señor?” Mi ejemplo favorito de un cambio de opinión fue el de Norman Mailer en The Village Voice. Norman ejerció el papel de crítico teatral, encargándose del estreno en Nueva York de Esperando a Godot. La mejor obra de teatro del Siglo XX. Sin molestarse en ir a verla, Mailer la calificó de basura. Cuando al final se arrastró a verla, se dio cuenta de su error. Sin embargo, ya no era columnista del Voice, así que compró una página entera del periódico y escribió una retractación, alabándola como la obra maestra que es. El sueño de todo dramaturgo.
Una vez gané uno de los “Concursos” de Mary Ann Madden en la revista New York. La tarea era nombrar o crear una lista “10″ de cualquier cosa, y la mía fue la Perfecta Crítica Teatral Mundial. Decía algo así: “Nunca he entendido el teatro hasta anoche. Por favor perdonar todo lo que jamás he escrito. Cuando leáis esto estaré muerto”. Esa, claro, es la única crítica que cualquiera relacionado con el teatro desea recibir. Mi premio, en un asombroso ejemplo de ironía, fue una suscripción de un año a New York, un auténtico trapo sucio que yo consideraba (”Concurso” de Mary Ann aparte) una supurante herida sobre el cuerpo del alfabetismo mundial - esto debido a la presencia en sus páginas de John Simon, cuya aturdidora amalgama de fanfarronería y salvajismo, a lo largo de los años, fue apreciada por esos lectores que buscaban un endoso de la mediocridad proactiva.
Pero digreso.
Escribí una obra de teatro sobre la política (November, Barrymore Theater, Broadway, quedan algunas plazas). Y como parte del “proceso de escribir”, como creo que se llama, comencé a pensar sobre la política. Este comentario no es tan insípido como parece. Porgy and Bess es un mogollón de buenas canciones pero no tiene nada que ver con las relaciones entre las razas, el pendón bajo el cual navegó. Pero resultó que mi obra sí tuvo que ver con la política, es decir, sobre la polémica entre personas con dos puntos de vista opuestos. El argumento en mi obra es entre un presidente interesado en sí mismo, corrupto, sobornado, y realista, y su izquierdosa escritora de discursos, lesbiana, utópico-socialista. La obra, aunque produce risas continuas, es una disputa entre la razón y la fe, o quizás entre el punto de vista conservador (o trágico) y el punto de vista izquierdista (o perfeccionista). El presidente conservador sostiene en la pieza que los ciudadanos buscan solucionarse la vida, y la mejor manera para que el gobierno facilite esto es quitarse de en medio, ya que los inevitables abusos y fracasos de este sistema (economías de mercado libre) son menores que los de la intervención gubernamental.
Yo abogué por el punto de vista izquierdista durante muchas décadas, pero me parece que he cambiado de opinión. Como hijo de la década de los 60, acepté como artículo de fe que el gobierno es corrupto, que las empresas son explotadoras, y que las personas, por lo general, son buenas de corazón. Estos queridos preceptos a lo largo de los años habían arraigado como prejuicios cada vez más impracticables. ¿Por qué digo impracticables? Porque aunque sigo teniendo estas creencias, ya no las aplico en mi vida. ¿Cómo lo sé? Mi mujer me informó. Íbamos en coche escuchando la NPR (National Public Radio). Sentí mis músculos faciales apretándose, y las palabras comenzando a formarse en mi mente: Cierra la puta boca. “?” sugirió ella. Y su recapitulación concisa y elegante, como siempre, me despertó a una verdad más profunda: Durante años había estado escuchando a NPR y leyendo varios órganos de opinión nacional, mientras el asombro y la ira luchaban por el liderato. Más: Supe que durante muchos años había estado refiriéndome a mí mismo -bastante encantadoramente, pensé- como un “izquierdista de encefalograma plano”, y a la NPR como “National Palestinian Radio”.
Esta es, para mí, la síntesis de este punto de vista global con el que ahora me sentía desencantado: que todo siempre está mal. Pero en mi vida, un breve análisis me lo reveló, todo no siempre estaba mal, y tampoco estaba o está todo siempre mal en la comunidad en que vivo, o en mi país. Más: no siempre estaba todo mal en las comunidades en las que antes había vivido y entre las diversas y móviles clases de las que formé parte.
Y, me pregunté, ¿cómo pude haber pasado décadas pensando que pensaba que todo siempre estaba mal mientras al mismo tiempo pensaba que pensaba que las personas son básicamente buenas de corazón? ¿Qué pasaba? Comencé a cuestionar lo que realmente pensaba y descubrí que no pienso que las personas sean básicamente buenas de corazón; es más, esta visión de la naturaleza humana ha inducido y ha informado mi obra durante los últimos 40 años. Creo que las personas, en circunstancias estresantes, pueden comportarse como cerdos, y que esto, de hecho, no sólo es un tema apropiado, sino el único tema, del drama.
Había observado que la lujuria, la avaricia, la envidia, la pereza y sus amiguetes están haciendo de las suyas con el mundo, pero que sin embargo, la gente en general parece comportarse razonablemente bien día a día; y que nosotros en los Estados Unidos nos comportamos día a día razonablemente bien bajo circunstancias claramente asombrosas y privilegiadas - que no somos y nunca hemos sido los villanos que muchos de fuera y muchos de nuestros ciudadanos nos consideran, sino que somos una confección de individuos normales (avariciosos, lujuriosos, falsos, corruptos, inspirados - en fin, humanos) viviendo bajo un acuerdo espectacularmente eficaz llamado Constitución, y afortunados de tenerla.
Porque la Constitución, en lugar de sugerir que todos se comporten de manera divina, reconoce que, al contrario, las personas son cerdos y se aprovecharán de cualquier oportunidad para subvertir cualquier pacto y poder conseguir lo que ellos consideran que son sus merecidos intereses.
Por ello, la Constitución separa el poder del estado en esas tres ramas que para la mayoría de nosotros (me incluyo) es lo único que recordamos de 12 años de escuela. La Constitución, escrita por hombres que tenían alguna experiencia de gobierno real, asume que el jefe ejecutivo intentará convertirse en Rey, que el Parlamento tramará para vender la vajilla de plata, y que el poder judicial se considerará Olímpico y hará todo lo posible para sustancialmente mejorar (destruir) el trabajo de las otras dos ramas. Por eso la Constitución las opone entre sí, no tratando de obtener su bloqueo, sino permitiendo las correcciones necesarias y constantes para evitar que una rama obtenga demasiado poder durante demasiado tiempo.
Claramente brillante. Porque, en abstracto, podemos imaginarnos una perfección Olímpica de seres perfectos en Washington encargados del negocio de sus empresarios, los ciudadanos, pero cualquiera de nosotros que haya estado en una reunión sobre cuestiones de edificabilidad en la que está en juego nuestra propiedad conoce el impulso de deshacerse de toda la mierda perniciosa y pasar directamente a las armas.
Yo he descubierto, no solo que no me fiaba del gobierno actual (eso, para mí, no era una sorpresa), sino que un repaso imparcial revelaba que los defectos de este presidente - a quien yo, como buen izquierdista, consideraba un monstruo - no eran muy diferentes de los de un presidente al que veneraba.
Bush nos metió en Irak, Kennedy en Vietnam. Bush robó las elecciones de Florida; Kennedy las suyas de Chicago. Bush delató a una agente de la CIA; Kennedy dejó morir a cientos de ellos en el oleaje de la Bahía de Cochinos. Bush mintió acerca de su servicio militar; Kennedy aceptó un Premio Pulitzer por un libro escrito por Ted Sorenson. Bush se metió en la cama con los Saudís, Kennedy con la Mafia. Oh. Y empecé a cuestionar mi odio hacia “las Corporaciones” - un odio que era, descubrí, simplemente el reverso de mi hambre por conseguir esos bienes y servicios de que nos proveen y sin los cuales no podríamos vivir. Y empecé a cuestionar la falta de confianza hacia el “Malvado Ejército” de mi juventud, que, reconocí, estaba entonces y está ahora compuesto por hombres y mujeres que en realidad arriesgan sus vidas para protegernos a todos de un mundo muy hostil. ¿El Ejército siempre tiene la razón? No. Tampoco la tiene el gobierno, ni las corporaciones - son sencillamente diferente rótulos para la particular amalgama que hace nuestro país de grupos de trabajo separados, si queréis. ¿Estos grupos son infalibles, libres de toda posibilidad de mala gestión, corrupción, o crimen? No, y tampoco lo somos tú o yo. Así que, asumiendo la visión trágica, la pregunta no era “¿Es todo perfecto?”, sino “¿Cómo se puede mejorar, a qué precio, y según la definición de quién?” Colocado de esta forma, me parecía que las cosas iban desarrollándose bastante bien.
¿Hablo como miembro de la “clase privilegiada”? Si así lo quieres - pero las clases en Estados Unidos son móviles, no fijas, como dice el punto de vista marxista. Es decir: los Inmigrantes llegaron y siguen llegando sin dinero y pueden (y logran) hacerse ricos; el tipo socialmente inepto gana un trillón de dólares; la madre soltera, sin dinero y sin hablar inglés, logra que sus dos hijos se gradúen en la universidad (mi abuela). Por otro lado, los ricos y los hijos de los ricos pueden perderlo todo; la hegemonía de los ferrocarriles pasa a las aerolíneas, la de los canales de televisión pasa a Internet, y cada individuo podrá cambiar, y probablemente cambiará, de estatus más de una vez a lo largo de su vida.
¿Y cuál es el papel del gobierno? Bueno, en abstracto, procediendo de mi tiempo y mi entorno, yo pensaba que era una cosa buena, pero sumando y restando en el libro mayor esas cosas que me afectan y que observo, me resulta difícil elegir un caso en que la intervención del gobierno haya conducido a algo más allá de la tristeza.
Pero si el gobierno no debe intervenir, ¿cómo podremos nosotros, meros seres humanos, hacer que todo funcione?
Me preguntaba eso y leí, y se me ocurrió que sabía la respuesta, y aquí está: Parece que lo hacemos naturalmente.
¿Cómo lo sé? Por experiencia. Me referí a la mía propia - cárgate al director de la obra teatral y ¿qué sucede?
Normalmente una disminución del conflicto, un período de ensayo más corto, y una mejor producción.
El director, generalmente, no causa el conflicto, pero su presencia hace que los actores dirijan (y fabriquen) demandas diseñadas como peticiones a la Autoridad - es decir, apartarse del objetivo original (preparar una obra de teatro para un público) e inmiscuirse en política, cuyo propósito puede ser adquirir estatus e influencia al margen del objetivo original.
Abandona una medianoche a un grupo de pasajeros de autobús que no se conozcan entre si, y ¿qué obtienes? Mucho drama malo, y un improvisado Convenio Mayflower (el que firmaron los Peregrinos ingleses al llegar a lo que luego sería Massachusetts). Cada uno, instantáneamente, agrega lo que puede a la solución. ¿Por qué? Cada uno quiere, y de hecho necesita, contribuir - echar a la olla las destrezas que cada uno tiene para conseguir el objetivo general, y lograr también un estatus en la nueva comunidad. Por eso hacen que funcione. Es preciso observar también la escuela mejor de todas, el sistema de jurado, en el que, de nuevo, cada uno no trae a la sala más que sus propios prejuicios, y, en el curso de la deliberación, llega a una solución imperfecta, pero aceptable para la comunidad - una solución con la que la comunidad puede vivir.
Antes de las elecciones intermedias (no presidenciales: 2006) a mi rabino le estaban dando caña. La congregación es exclusivamente izquierdista, él se autodescribe como independiente (leer: “conservador”), y estaba cabreando al rebaño. ¿Por qué? Porque a) nunca hablaba de política; y b) enseñaba que la calidad del discurso político debe ser considerada primero - que la ley judía enseña que es imperativo que cada persona escuche al prójimo.
Por eso yo, como muchos de la congregación izquierdista, comencé, apretando los dientes, a intentar hacer eso mismo. Y haciéndolo, reconocí que tenía esas dos visiones de América (política, gobierno, corporaciones, el ejército). Una era la de un estado en el que todo era mágicamente malo y debería ser inmediatamente corregido sin reparar en el coste; y la otra - el mundo con el que funcionaba día a día - estaba compuesto por personas, y la mayoría de ellas estaban intentando aumentar su confort de modo razonable llevándose bien con sus semejantes (en el trabajo, el mercado, la sala del jurado, la autopista, hasta en las reuniones del consejo escolar). Y me di cuenta de que había llegado el momento de avalar mi participación en esa América en la que he escogido vivir, y que ese país no era un aula escolar en la que se enseñan valores, sino un centro de intercambio, un mercado.
“¡Ajá!” diréis, y tendréis razón. Comencé por leer no sólo la economía de Thomas Sowell (nuestro más importante filósofo contemporáneo) sino a Milton Friedman, Paul Johnson, y Shelby Steele, y a una multitud de escritores conservadores, y descubrí que estaba de acuerdo con ellos: una comprensión del mundo basada en mercados libres cuadra más perfectamente con mi experiencia que esa visión idealista que yo llamaba izquierdismo.
Al mismo tiempo, estaba escribiendo mi obra sobre un presidente, corrupto, venal, astuto, y vengativo (asumo que todos lo son), y dos pavos. Y di a este presidente ficticio una redactora de discursos que, desde su punto de vista (el de él), es una “izquierdista de encefalograma plano”, bastante parecida a como yo era antes, y que a lo largo de la pieza necesitan encontrar la manera de hacer que funcione la cosa. Y eventualmente logran llegar a un entendimiento humano sobre el proceso político. Como creo que estoy intentando hacerlo yo, y creo que estoy teniendo éxito, e intentaré resumirlo en las palabras de William Allen White.
White fue durante 40 años editor del Emporia Gazette en el Kansas rural, y un comentarista político prominente y poderoso. Era gran amigo de Theodore Roosevelt y escribió el mejor libro que jamás he leído sobre la presidencia. Se titula Masks in a Pageant (”Máscaras en un espectáculo”), y retrata a diversos presidentes desde McKinley hasta Wilson, y lo recomiendo sin reservas. White tenía la mente bastante despejada, y había observado la naturaleza humana como pocos. (Como dijo Twain, si quieres entender a los hombres, edita un periódico rural). White sabía que la gente necesita al mismo tiempo progresar y llevarse bien, y que siempre están trabajando en lo uno o lo otro, y mejor sería que el gobierno se quitara de en medio y dejarlos proceder. Pero, agregó, existe esta cosa del izquierdismo, que se puede reducir a estas palabras, que se cuentan entre las más tristes: “… sin embargo…”
La derecha sigue mugiendo sobre la fe, la izquierda muge sobre el cambio, y muchos están furiosos con los necios del otro lado - pero, al final del día, unos y otros son la misma gente que saludamos alrededor del refrigerador de agua.
Feliz temporada electoral.

5 de Abril, 2008 - 18:27
[...] http://vivir.laoffoffcritica.com/2008/04/05/de-como-david-mamet-ha-escandalizado-al-artisteo-mundial…Mi ejemplo favorito de un cambio de opinión fue el de Norman Mailer en The Village Voice. Norman ejerció el papel de crítico teatral, encargándose del estreno en Nueva York de Esperando a Godot. La mejor obra de teatro del Siglo XX. … [...]
5 de Abril, 2008 - 23:06
Que rallantes os ponéis a veces cuando os da por echar pestes políticas. Que Mamet sea un cineasta es una mera excusa.
Esto cuadra más en alguna columna de Libertad Digital, pero me parece que sois los mismos ¿No?
6 de Abril, 2008 - 0:30
Más citas políticas:
Fernán Gómez: A la mierda.
Extremoduro: Iros todos a tomar por culo.
Lola Flores: Si me queréis, irse.
6 de Abril, 2008 - 1:21
Yo tengo un problema con la traducción.
6 de Abril, 2008 - 4:03
Como se nota que Mamet va cumpliendo años.
6 de Abril, 2008 - 17:33
Ya te digo. Y lo que están tardando en comentar la muerte de Charlton Heston. Aquí no puede ser menos que el Mesías.
6 de Abril, 2008 - 19:02
A mí me parece que Tronchanabos se ha sentido aludido con eso de “izquierdista de encefalograma plano” y por eso se le ve tan escocido…
6 de Abril, 2008 - 19:33
Alguien me ha nombrado por ahi arriba
No queria comentar esta noticia por no decir que ahora leo este articulo antes de dormir para caer rendido en la cama. Dios santo, ¡que escrito tan aburrido!
Da mil rodeos para quedar en poco.
“Si me querei irse!” Lo que me he reido con eso,jaja.
6 de Abril, 2008 - 21:37
Hombre, es cierto que esta página nunca me ha parecido muy izquierdista, pero yo siempre he pensado que cada uno es libre de opinar como quiera siempre que no se sobrepasen ciertos límites, que aquí no he visto pasar en ningún momento aunque muchas veces no esté de acuerdo.
Se nota, es cierto, que Mamet se hace mayor, lo cual muchas veces conlleva hacerse más conservador y cómodo con la realidad. Pero tampoco lo que dice está falto de sensatez, a pesar de que de mil rodeos para justificarse todo lo que pueda.
Yo creo que todo parte de una confusión que muchos tenemos de cuando en cuando en nuestra cabeza, y es que muchas veces confundimos ideales con partidos o grupos de poder. Es decir, uno vota PSOE por tener unas convicciones de izquierdas, pero muchas veces lo hace porque el PSOE es teóricamente el defensor de ese tipo de ideas, y acaba apoyando al grupo y no a la idea. Yo pienso que uno debe estar comprometido con su visión del mundo, una visión que creo debería ir encaminada a un bien colectivo, pero que también puede ser cambiante en base a las experiencias y enseñanzas que se van adquiriendo con los años.
En España pasa mucho que uno defiende ciegamente a un grupo político por las siglas y no porque coincida con las ideas que defiende en cada momento. De hecho las elecciones muchas veces tienen más de forofismo futbolero que de convicción política. Es como el madridista asqueado con el juego de su equipo, con sus jugadores y con sus resultados, y que sin embargo sigue yendo al campo y pagando su abono. Es absurdo, pero humano, es la necesidad de formar parte de algo que crees que defiende en aquello que tú crees cuando muchas veces no es así o no del todo al menos.
7 de Abril, 2008 - 0:18
Menos política y más libre pensamiento, redios. Un saludo.
7 de Abril, 2008 - 12:40
Pocas páginas tan izquierdistas y librepensadoras como ésta conozco yo.
7 de Abril, 2008 - 19:49
Esta página no me parece izquierdista, la verdad, pero si librepensadora, con sentido del humor y buen oficio. Que sino de que voy a estar yo por estos lares. Un saludo
7 de Abril, 2008 - 21:01
Pero a ver que yo me entere, porque se me está poniendo muy mal cuerpo.
¿Aquí hay que ser izquierdista para tener derecho a existir? ¿Tienen los izquierdistas alguna superioridad moral sobre los que no lo son y yo no me he enterado?
Porque vamos, tanto evaluar la página en términos de si es o no izquierdista, me parece un poco fuera de lugar. Como si ser izquierdista fuera la norma, y todo lo que se saliera de ahí, un elemento extraño o disidente al que poder afear su rebeldía.
A mí sí que me parecéis unos libres pensadores e intervenciones como las que se han visto más arriba no son más que intentos implícitos de callar las voces que no se pliegan al discurso oficial. Seguid publicando lo que os dé la gana que yo por mi parte os seguiré leyendo.
8 de Abril, 2008 - 11:46
El discurso oficial no es precisamente izquierdista, que conste. Y aquí menos, no se engañen. Lo digo porque me gusta disfrutar del ambiente librepensador de esta página.
Aunque, curiosamente, tanto librepensamiento da lugar, contrariamente a lo que se esperaría, a cierta “homogeneidad ideológica” en los mensajes…
8 de Abril, 2008 - 13:05
Bueno,yo aclaro mi postura de forma superficial,no vaya a ser que me asen a fuego lento.
En primer lugar, no creo ni mucho menos que “la politica estorbe” en un sitio como este.Principalmente porque si es absurdo capar a toda obra de intencionalidad politica tambien lo es dejar de interesarse por los derroteros politicos y morales por los que van caminando sus creadores.
En segundo,cuando digo izquierdista no me refiero a “interesado en el bienestar de los mas desfavorecidos”,simplificacion bana y estupida cuando los mayores gobiernos genocidas de la historia se proclamaron socialistas y extraordinariamente clasistas.Ni me refiero a los del equipo naranja.Me refiero a lo que decia Ortega y Gasset (grandes pensadores) de no perder la costumbre de cuestionarse las cosas y no dejarse amilanar por el color de la pegatina.
8 de Abril, 2008 - 13:20
Por ejemplo,ha bastado 13 minutos de una entrevista de Michael Moore para condicionar la imagen de toda una vida y de un actor tan importante(e izquierdista
) como Charlton Heston.Pocas paginas como esta criticarian eso.O es que tanto dogmatismo,ingenuidad y conservadurismo iba a quedar impune?.
8 de Abril, 2008 - 14:13
Bueno, la verdad es que las imágenes de Heston con el rifle en ristre tampoco han ayudado mucho.
8 de Abril, 2008 - 15:39
Yo pienso que al artisteo mundial se escandaliza por bien poco, la verdad.
8 de Abril, 2008 - 16:55
Yo también creo que el artisteo mundial se escandaliza por nada y tanto ha sido que este artículo ha sido reproducido en todos los grandes medios de comunicación del mundo. También en La Off-Off-Crítica, of course.
Por otro lado, el discurso oficial es bastante izquierdista cuando a nadie se le ocurre valorar otros contenidos por el grado de liberalismo que presentan, por ejemplo, como sí que se valoran algunos por si son o no izquierdistas, como muy bien y muy sagazmente ha apuntado Raider. Piensen en ello. A ver si se imaginan a alguien diciendo “¿Cuatro? No sé, no sé… me parece que no es muy liberal”. O “Yo intuyo que Telecinco no es muy anarquista, pero aún así creo que no está mal”.
No sé donde será homogéneo el discurso, SpiderAnónimo; este mismo hilo es la prueba de que aquí, no.
Y por último, a mí lo que me parece es que hay una ignorancia política realmente aterradora. Charlton Heston fue durante toda su vida un defensor activo de los derechos individuales. Defender el derecho individual a la propia defensa no es más que otro paso en esa dirección. Ni giro a la derecha ni nada. Pocas carreras tan coherentes ha habido en todos los sentidos. Puede gustar, puede no gustar, pero desde luego no tiene nada que ver con el conservadurismo. Tiene que ver con el libertarianismo, que es una de las ideologías de corte más revolucionario que yo conozco, ya que prácticamente pretende hacer desparecer el estado.
Pero claro, parece que hay un gran interés en fomentar un galimatías ideológico para que nadie pueda distinguir nada de nada y que así resulte más fácil que voten en la dirección convenida.
8 de Abril, 2008 - 18:19
Ya Malabesta.Como tampoco supongo que ayuda demasiado que muchos artistas digan y redigan por ejemplo lo bien que se vive en Cuba y tal.Aunque ellos tal vez no sean tachados nunca de reaccionarios como ha acontecido con Heston.Y coincido enormemente en ese punto con Bronte, pues eso de que el derecho , responsabilidad y libertad recaiga sobre el individuo y no sobre el estado (recordemos que la libre circulacion de armas esta prohibida en las dictaduras) suena a chino.Sobre todo en la “liberal” Europa.
8 de Abril, 2008 - 18:24
Bueno, es que como diría don Mendo respecto a la gente que afirma que en Cuba se vive bien:
Y me anulo y me atribulo
Y mi horror no disimulo,
Pues aunque el nombre te asombre,
Quien obra así tiene un nombre,
Y es el de tonto del culo.
8 de Abril, 2008 - 18:35
Eso es lo que quer’ia decir exactamente.Por un lado se dan palmaditas en la espalda por ser tan criticos con el sistema y luego demuestran una ingenuidad sin limites ante lo que dicen los Michael Moore de turno.
8 de Abril, 2008 - 20:09
Bueno, yo de las voces que escucho por aquí, muchas parecen, más bien diría la mayoría, defender posturas muy parecidas. De ahi lo de homogeneidad del discurso. Y me refiero a este hilo y a la página en general. Y no hace falta decir lo de “es que decimos lo que nos da la gana”, porque yo soy el primero que defiende eso. Pero como defiendo la libertad de expresión, también me gusta usarla. Es solo eso. Ya están acostumbrados a que disienta, asi que no es ninguna sorpresa.
8 de Abril, 2008 - 20:15
Bueno, pues eso mismo.
Como a usted le gusta usar la libertad de expresión, también para disentir, y aquí nunca nadie le ha censurado por ello ni nada remotamente parecido, no le dé más vueltas a la cosa.
8 de Abril, 2008 - 20:33
Le doy las vueltas que me parezca bien darle, supongo. Sólo estaba replicando a lo que explicitamente argumentaste en contra de mi post.
“No sé donde será homogéneo el discurso, SpiderAnónimo; este mismo hilo es la prueba de que aquí, no.”
Es que, además, me gusta replicar; es más bien un vicio, lo confieso. Pero me contendré, por hoy.
8 de Abril, 2008 - 20:40
Por eso mismo.
Como se hace bien evidente lo de su vicio, se le dice en plan consejo cordial para que no caiga usted en el derrotero de la adicción compulsiva, que se empieza replicando en una página de cine y sabe Dios dónde se acaba.
8 de Abril, 2008 - 20:48
Pues tu quizá deberías “hacértelo mirar”. Mira que en asuntos de adicciones aquellos que lo reconocen están un paso más cerca de “curarse” y no estoy yo seguro de que no tengas un vicio parecido al mio.
8 de Abril, 2008 - 23:21
Modernícense un poco, izquierda y derecha son conceptos de hace no sé cuántos siglos
9 de Abril, 2008 - 0:33
Bueno, tengo que terciar en la discusión. La Rae dice:
Librepensamiento.
(De libre y pensamiento).
1. m. Doctrina que reclama para la razón individual independencia absoluta de todo criterio sobrenatural.
Vamos, que al final todo se reduce a ver o no ver el programa de Iker Jimenez.