Crítica de “Astérix en los Juegos Olímpicos”
El joven galo Lunátix (Stéphane Rousseau), perdidamente enamorado de la princesa griega Irina (Vanesa Hessler), debe ganar los Juegos Olímpicos para poder casarse con su amada. Para ello tendrá que enfrentarse a Bruto (Benoît Poelvoorde), hijo de Julio César (Alain Delon), y que también pretende a la moza. Contará con la ayuda de Astérix (Clovis Cornillac), Obélix (Gérard Depardieu) y el resto de habitantes de la aldea gala.

10 de Febrero, 2008 - 15:03
A mí me da muy mala espina que Clavier haya abandonado el personaje de Astérix, sobre todo porque el tipo que ahora lo interpreta parece haber salido de un correccional de menores.
Lo que sí es verdad es que por muy infames que sean las adaptaciones de los galos, siempre procuran no hacer ni que Goscinny se revuelva en su tumba, ni que Uderzo desee retirarse a un aislamiento alpino.
10 de Febrero, 2008 - 20:54
Demasiado superficial y politizada esta la crítica. Me parece que farrell no ha tenido su mejor día a la hora de escribirla…
11 de Febrero, 2008 - 17:49
Coincido con Godot. Esta película me ha parecido un truño infumable, y en nada superior a la primera de Mortadelo, que sí me pareció una película, si no buena, al menos entretenida en su momento. Demasiado “Francia mola, España apesta” en esta crítica. Demasiado para darse cuenta de los innumerables defectos que tiene esta abominable producción:
- La película se llama Astérix, pero… ¡Astérix apenas sale! Creo que debería llamarse “No es otra estúpida película francesa de cameos”, sería un título igualmente falso pero más propio. El insoportable personaje de Bruto da urticaria verlo y oírlo, y no había visto tanta sobreactuación barata y gratuita desde los peores tiempos de Eddie Murphy. Y luego dicen que Ben Stiller es malo porque boquea mucho…
- Grecia es un reino. Como lo oyen, es un reino con su princesita de Disney incluida. Manda huevos. La cuidada ambientación histórica de Goscinny, a tomar viento.
- Depardieu y su barrigota falsa. No tiene desperdicio. ¿Que lleva allí dentro? Claro, luego este es el tipo de películas que merecen un César al mejor vestuario. Y por supuesto, la crítica especializada (como la Off-Off) encuentra despreciable la meritoria labor de maquillaje y vestuario de pelis como Mortadelo y Filemón, porque son españolas, pero como todo lo que viene de allende los Pirineos huele bien… Pues con una barrigota falsa y tres bigotes de pega destrozas un mito del cómic mundial. Eso sí que es arte.
- El personaje de Lunátix, ¿hacía falta? ¿Era necesaria esa laaaaaaaarga introducción que no aporta nada? ¿Realmente tenía que haber una historia de amor? ¿No había otra excusa disponible para enviar a Astérix y Obélix a los Juegos?
- ¿A alguien le da risa ver a tres griegos comerse unos escarabajos enormes? Porque a mi me dio ganas de vomitar. Como en Cloverfield. Pero claro, esto es francés, y tiene “calité”…
- Una vez se acaban los Juegos, y uno grita “¡aleluya!”, y piensa, ingenuamente, que puede irse a casita y olvidar que ha pagado siete eurazos por ver esta castaña pilonga, pues no, ¡faltan no menos de veinte minutos de ver a Zidane y a otros famosetes haciendo móbing a un enclenque y repelente personajillo, fuera de toda trama, sentido del ridículo y aprecio a la Convención de Ginebra!!
Desearía ser crítico de la Off-Off y poder despacharme a gusto con esta bazofia. Mi crítica empezaría así: “esta película ha costado 80 millones de euros, y no sé en qué se los han gastado, ¡pero en guionistas seguro que no!”
Y acabaría mi crítica así: “recomendado para gente que tenga que realizar algún tipo de dolorosa penitencia, y para todos aquellos que necesiten una excusa para quemar la embajada francesa”.
11 de Febrero, 2008 - 18:02
Bueno, yo creo que el crítico dice claramente que es una película “perfectamente olvidable”. Y considero que en absoluto se dice aquí que Francia mole (cosa que me parece jamás se ha enunciado en esta página), sino una verdad idiosincrásica que más nos vale ir reconociendo y que parece bastante evidente. La narrativa francesa (en sus diferentes formas), acostumbra a representar a los franceses de ayer, hoy y siempre en registros positivos, mientras que el producto que triunfa en España es aquel que hace mofa de nosotros mismos y nos deja a la altura del betún. Por mucho que nos gusten a todos Mortadelo y Filemón hay que reconocer que no es lo que se dice una obra exaltadora del espíritu nacional. Y esto no es política. Es análisis textual puro y duro.
Por otro lado, no sé cuán mala será “Astérix en los juegos olímpicos” pero estoy segura de que muestra más respeto con los personajes que el que mostró la primera parte de “Mortadelo y Filemón” retratando a Rompetechos como un facha, que aquello era un escándalo. Un escándalo. Eso sí que era política. Y de la cutre.
11 de Febrero, 2008 - 18:59
Bueno, todos sabemos ya la muy alta estima que se tienen los franceses a sí mismos. Para mí Asterix, más que una muestra de orgullo nacional es una añoranza de lo que ya no son, porque, seamos sinceros, Francia ya no es lo que era. Pero vamos, que España tmpoco lo es, así que son dos formas de entender la derrota: añorar otros tiempos o hacer una crítica de nuestro estado actual, que no es algo explícito en Mortadelo, pero puede influir en la actitud de los artistas. Para mí las dos maneras son válidas, aunque es cierto que en cuanto argullo nacional, ni tanto como los franceses ni tan poco como los españoles…
11 de Febrero, 2008 - 19:31
Hombre,no es tan malo aumentar la estima del orgullo nacional del mismo modo que tampoco es tan malo aumentar la tuya propia.Lo malo es que ultimamente existe la creencia que la unica forma de hacerlo es negando las demas.
Y no entiendo porque era tan escandalo lo del Rompetechos.Quiero decir,obviamente es un error cambiar la esencia del personaje cuando ese arquetipo funcionaba tan bien.No obstante,que se hayan decidido por un facha colerico enanito como paradigma de lo ridiculo,a estas alturas ya no sorprende (negativamente) a nadie.
11 de Febrero, 2008 - 20:12
Yo opino que ‘Mortadelo y Filemon’ en comic tienen bastante mala uva (Ultra Velocidad Automotora, album del 2003), pero en el cine lo único que dan es bastante pena.
Los franceses por lo menos reconocen que son franceses, si eso es patriostismo, pues me parece bien. Por estas tierras parece que decir que eres español es una desgracia (y si encima miras la bandera eres facha)
11 de Febrero, 2008 - 20:26
Ojo, no critico la obra de Goscinny Y Uderzo, que me encanta. Lo que me cansa es que allí siempre se exalte tanto su orgullo en base a ideales como la libertad, la igualdad y demás (que por otro lado, ellos se pasan por los mismísimos cuando les conviene) y nunca haya espacio para la autocrítica, al menos por las muestras que vemos ( o yo he visto) por aquí. Igualmente me cansa que aquí ocurra todo lo contrario, que lo español es demonizadoy solo lo regional o lo internacional tiene validez. Ya se sabe que si llevas una pulsera con la bandera de España o algo así eres irremediablemente un facha… En fin, es el país que nos ha tocado, y sigo sintiendome orgulloso de él (Y de comics como Mortadelo y Filemón :D, que me parece que este post iba de películas sobre comics o algo así no???? XD)
12 de Febrero, 2008 - 3:05
Bueno, Francia nunca ha sido lo que era, y ahí los tiene, que uno en cuanto conoce a un francés puede sacar el cronómetro para ver cuánto tarda en decir lo de “esto en mi país funciona mejor”, pero así con la boca como quien sorbe por una pajita. Pero lo del orgullo nacional no es cosa suya solamente, que ahí tenemos a los ingleses con su “el continente se ha quedado aislado” o a los alemanes, que vayan a donde vayan imponen sus costumbres y estilo de vida a golpe de chancletas y calcetines.
Lo de Rompetechos es un escándalo no porque se rían de los pobres fachas -que ya bastante tienen- sino porque es una falta de respeto al original flagrante y además es una concesión barata para sacar la risa fácil del público, al igual que los Razzies cuando premian a Van Damme o Stallones, o las listas de las mujeres peor vestidas que sacan a Britney Spears; es muy fácil hacer leña del árbol caído, especialmente si se ha caído con el brazo derecho tieso.
15 de Febrero, 2008 - 0:42
el producto que triunfa en España es aquel que hace mofa de nosotros mismos y nos deja a la altura del betún
¡Qué tiempos los de El Capitán Trueno, El Jabato y Roberto Alcázar y Pedrín!
Ahora en serio, Asterix sin Goscinny no es Asterix, sino una mala parodia. Yo creo que, por debajo de la apariencia, en el Asterix de Goscinny había mucha autocrítica del chauvinismo francés. Un tipo tan genial no podía ser chauvinista. El recurso a los topicazos en los diversos viajes (recuerden Asterix en Hispania) era una forma de reírse de los franceses y de todos los que ven el mundo desde los estereotipos en su vida cotidiana.
Por cierto que hay quien se lo toma en serio: Asterix es uno de los iconos para los abertzales del País Vasco. Todo eso del pueblo irreductible, belicoso y orgulloso de sus costumbres goza de mucho predicamento por aquellas tierras.
15 de Febrero, 2008 - 2:18
Pues sí… Son malos tiempos para la épica. Lo que pasa es que en España ya llevamos cuatro siglos (salvo excepciones) con los malos tiempos para la épica y esto es un caso único, me parece a mí. No hay grupo humano que lo resista sin intentar autodestruirse… Mmm…
15 de Febrero, 2008 - 9:33
Yo es que creo que la épica española empezó y se acabó con el “Mío Cid”, y de eso ya hace cosa de 900 años…
15 de Febrero, 2008 - 12:42
Algunas explicaciones para el descrédito de la épica a cargo de Félix de Azúa
Las guerras de Oriente
Y esta, con referencias cinematográficas, como corresponde a este blog:
Nuestros actuales jefes político mediáticos rechazan contundentemente a los héroes guerreros de la civilización occidental. La minúscula moral de la vida gregaria no puede soportar ni siquiera al último dios muerto, porque incluso una vez muerto sobresale demasiado desde la altura de la cruz. A pesar de ello, el populus indócil sigue amando a los héroes épicos aunque sea bajo una figuración degenerada: los gangsters de Coppola y de Los Soprano, los vengadores justicieros como Bruce Willis, Clint Eastwood o Mel Gibson. En sus formas más domesticadas, los arqueólogos luchadores (Indiana Jones), los espías eróticos (James Bond) o los hijos de Hércules maltratados por la oligarquía (Silvester Stallone o el replicante de Blade Runner) y tantos otros. Porque, es indudable, necesitamos héroes pigmeos para podernos sentir gigantes éticos.
El hombre que quiso ser dios